Así comienza el segundo episodio de
Los Tres Horizontes
Capítulo 1
Tiempo de oscuridad (1988)
Cuando todo terminó, solo se oían los golpes y los gritos de Nando que resonaban entre las paredes mugrientas y con manchas de humedades desde el techo hasta el suelo. La celda era lo suficientemente grande como para meter un camastro, un pequeño váter y una jarra, y aún así, poder dar hasta tres pasos seguidos hacia la puerta. Aquella puerta metálica que siempre recordaría. Parecían que la hubiesen instalado mucho tiempo después de que las paredes empezaran a pudrirse. Antaño pudieron haber sido blancas, hoy eran un cúmulo de parches grises y marrones del óxido que empezaba a expandirse desde la parte baja de la hoja hasta las bisagras. Pero la escasa luz las hacía desvanecerse en la penumbra. Una luz azul artificial se propagaba desde un pequeño tubo fluorescente que colgaba del techo. No había ventanas. El día y la noche no existían en aquel reducido espacio.
Sin embargo, Nando no estaba completamente solo. Allá donde quiera que estuviese, fuera de los límites del tiempo y del espacio conocido por el resto del mundo, que antes era su hogar, sus tres amigos también estaban con él, cerca y a la vez lejos. Ismael, Iván y Cloe ocupaban sus propias celdas separadas, todas iguales.
Ismael estaba sentado en el camastro que tenía en su celda. Con las manos tapándose la cara por la desesperación y la impotencia que sentía al verse atrapado sin poder hacer nada. Sus pensamientos divagaban de un punto a otro, entre su madre y la triste conclusión de que había hecho el estúpido, envuelto por el sonido de los golpes de Nando sobre las paredes de hormigón y que se propagaban por todo el edificio.
Hacía tan solo unas horas, estaba con sus amigos en lo que él creía que iba a ser la aventura de sus vidas, iban a ser héroes.
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